Intervenciones durante el Congreso

Querido D. Juan José, Arzobispo de Sevilla.

Estimado Sr. Alcalde de la Ciudad de Sevilla, D. Juan Ignacio Zoido.

Querido D. Santiago, obispo auxiliar de Sevilla y obispo delegado de los obispos del Sur para el tema de la enseñanza.

Querido amigo José Rafael, secretario técnico de Enseñanza de los Obispos del Sur.

Estimados ponentes y conferenciantes. Emmo. Sr. Cardenal D. Fernando.

Queridos invitados: miembros de las centrales sindicales representantes del profesorado de religión ante la Administración Educativa, miembros de la FERE-Escuelas Católicas y de la CECE, de los Instituticos Superiores de Ciencias Religiosas de Andalucía y de los centros que imparten la DECA.

Queridos Congresistas todos.

Buenos días y bienvenidos.

Quien les habla no habla en nombre propio sino en nombre de los delegados diocesanos de enseñanza de Andalucía y en su nombre les agradezco la presencia en este Congreso, cuyo lema es “llamados a ser luz”, que nos convoca y que coincide con un momento clave para la asignatura y el profesorado de religión.

Estamos aquí reunidos cerca de 800 congresistas provenientes de todas las diócesis de Andalucía, además de la Diócesis de Tenerife, de Canarias, de Cartagena  e incluso de Holanda. Hay profesores de religión tanto de la escuela pública como de la escuela concertada y privada, provenientes de centros religiosos y no religiosos.

Desde la organización ponemos a vuestra disposición, en primer lugar, los compañeros de información que se encuentran repartidos por todo el salón y fuera de él; para que puedan identificarlos llevan como distintivo una corbata o pañuelos de color fucsia, que es uno de los tres colores del cartel del congreso (amarillo, celeste y fucsia). Tendremos dos puntos de información permanentes: Información general que es donde se ha recogido el material y otro más pequeño justo a la salida de este salón de actos.

Habrá dos controles de firmas, uno cuando se ha recogido el material y otro cuando se recoja mañana el certificado/diploma a partir de la última conferencia.

Tendremos dos cafés, uno después de este acto inaugural y otro esta tarde, entre los talleres y la segunda conferencia. Y hablando de talleres tenemos que comunicarles la suspensión de uno de ellos por motivos de salud de la ponente (Dª Mª José Muñoz López, directora del Museo Diocesano de Córdoba) que a última hora no ha podido venir; se trata del cuarto taller: “El patrimonio de la Iglesia como recurso para la clase de religión”. No obstante su trabajo se recogerá en las actas del Congreso.

En la carpeta disponen de toda la información necesaria, además encontrarán una hoja de evaluación y otra de sugerencias. Todo ello se podrá entregar en el punto de Información General cuando recojan el certificado al final del Congreso. También dispondrán de un Panel libre de expresión, en el pasillo de arriba debidamente señalado, en el que podrán escribir y expresar todas aquellas aportaciones  que estimen conveniente sobre la situación que estamos viviendo y lo que se podría hacer. Todo ello se recogerá y se comunicará con posterioridad.

Para el buen funcionamiento y buen desarrollo del Congreso, rogamos por favor extrema puntualidad en los diferentes actos.

Estamos aquí para disfrutar, compartir, rezar e intercambiar ideas y experiencias, para animarnos con la ayuda del Señor en nuestra tarea y de afrontar con valentía los restos que atravesamos.

Desde la conciencia de lo que nos une mucho ánimo a todos.

En nombre de la organización les deseo un feliz y fructífero Congreso. Muchas gracias.

Juan Manuel Rodríguez Muniz

Delegado Diocesano de Enseñanza de Sevilla

Queridos Sr. Cardenal D. Fernando Sebastián, Sr. Arzobispo, hermanos en el episcopado, Sr. Alcalde de Sevilla, queridos Delegados Diocesanos de Enseñanza de Andalucía y de Cartagena, Tenerife y Canarias, que nos acompañan, representantes de organizaciones sindicales, patronales y de titulares de centros educativos, queridos profesores de religión.

Quiero que mis primeras palabras sean de agradecimiento a todos los profesores de religión que desarrollan su labor docente en Andalucía tanto en los centros públicos como en la escuela católica, puesto que éstos también tienen una amplia representación en este Congreso.

Vuestro trabajo, como enviados de vuestros Obispos y de la Iglesia, es una tarea evangelizadora de primer orden que merece la pena ser resaltada y agradecida. Especialmente si, como es el caso frecuente en los centros públicos, esta tarea debe ser realizada en condiciones poco favorables cuando no de oposición en muchos ambientes educativos.

Pero no nos engañemos, esta situación no es sino manifestación de una situación más profunda que viene acompañando a los cristianos desde los primeros tiempos, cuando recibieron el mandato evangélico de "Id y enseñad" (Mc 16,15), y no es otra que la dificultad de trabajar, al fin y al cabo, en territorio de misión, llevando a la Escuela el mensaje de Jesucristo.

Ayudar a encarar la tarea del profesor de religión católica en la escuela, en la pública y en la escuela católica, en clave misionera es uno de los objetivos fundamentales que nos hemos propuesto al organizar este Congreso. Que la Iglesia en España, también en Andalucía, necesita una nueva evangelización es algo que venimos diciendo desde hace más de tres décadas. Sin embargo, eso no quiere decir que la perspectiva misionera impregne de hecho nuestro quehacer cotidiano, tampoco en la escuela. No faltan voces tan significativas como la del Cardenal D. Fernando Sebastián, que avisan de que no hemos logrado todavía despertar en nuestras Iglesias un movimiento auténticamente evangelizador, con clara conciencia de sus exigencias personales y comunitarias, espirituales y apostólicas. Estamos todavía lejos de recuperar la fuerza espiritual y la eficacia transformadora de las convicciones religiosas de los primeros cristianos. (cf. Fernando Sebastián, Evangelizar. Ed. Encuentro, Madrid 201O, p. 21).

En el mismo sentido escribe el cardenal Kasper unas palabras clarividentes de quien conoce bien la realidad de la Europa actual: "para mí lo realmente preocupante es que muchos, incluso muchos de los que tienen hoy una responsabilidad en la vida de la Iglesia, no han comprendido todavía lo serio de la situación o no quieren reconocerlo. Se pretende seguir haciendo las cosas tal y como han venido haciéndose hasta ahora. Seguir actuando como siempre y tratar de mantener lo más posible el statu quo no hace progresar la situación. Pablo VI y Juan Pablo II indicaron hace ya mucho tiempo la palabra clave en torno a la cual debe girar todo. Dice así: nueva evangelización. Afecta al individuo y a su fe, a su conversión y a su renovación, y tiende al mismo tiempo a una renovación fundamental de nuestra cultura. Esto incluye una revisión de nuestros planes pastorales. Algunas veces me parece que perdemos el tiempo discutiendo qué marco ponemos a nuestros cuadros, cuando tenemos la casa ardiendo en llamas" (en Daniel Deckers, Walter Kasper. Al corazón de la fe, Ed. San Pablo, Madrid 2009, p.161).

En este contexto, la enseñanza de la religión católica en la escuela es un instrumento privilegiado para educar a la persona desde sus más profundas convicciones.

Nos encontramos una sociedad en cambio, multicultural, donde el papel de las familias se va viendo modificado, en la que desaparecen elementos básicos de nuestra cultura y emergen otros nuevos.

Este cambio y evolución puede conllevar riesgos pero estamos llamados a descubrir que este contexto es un terreno abonado para la nueva evangelización.

El reciente documento de  la CEE de febrero de 2013, Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe, señala que "lo peculiar de la enseñanza religiosa escolar consiste en la presentación del mensaje y acontecimiento cristianos en sus elementos fundamentales, en forma de síntesis orgánica y en diálogo con la cultura y las ciencias humanas” (66) y en esta misión de diálogo entre fe y cultura donde debemos desarrollar especialmente nuestro servicio en la Escuela.

Nuestro trabajo debe propiciar a nuestros alumnos las herramientas suficientes para realizar una tarea de integración, proporcionarle un marco de referencia en el que "encajar" las piezas del puzzle del resto de los conocimientos, facilitarle una cartografía básica, un mapa, en el que nuestros alumnos desarrollen todas sus potencialidades desde el conocimiento profundo de Jesucristo y su mensaje como elemento integrador de la persona y de la sociedad. La fe cristiana, lejos de los planteamientos trasnochados de ser una rémora para el saber, tiene mucho que aportar al proceso educativo de los niños y jóvenes.

San Juan Pablo II, en un discurso a los docentes universitarios en Roma señalaba:

"El saber iluminado por la fe, lejos de desertar de los ámbitos de las vivencias cotidianas, los habita con toda la fuerza de la esperanza y de la profecía. El humanismo que auguramos propugna una visión de la sociedad centrada en la persona humana, en los valores de justicia y de paz, en una correcta relación entre individuos, sociedad y Estado".

También en esta tarea educativa tienen una importante palabra las familias. Ellas son portadoras del derecho inalienable de educar a sus hijos. Como diría Benedicto XVI a las familias en Valencia (2006).

"Los padres tienen el derecho y el deber de educar a los hijos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados y, sobre todo, en el encuentro con Dios".

Y no olvidemos que son los padres los que un curso tras otro siguen optando porque sus hijos reciban en la escuela la enseñanza de la religión católica, venciendo las múltiples resistencias que con frecuencia encuentran en la administración educativa. Ellos son nuestros aliados, porque a ellos servimos.

Queridos profesores, os animo en vuestra tarea, una tarea que no debe ser en solitario, que debe ser coordinada cada vez más con las parroquias y las familias. La naturaleza esencialmente eclesial de vuestra misión como profesores de religión católica exige vivir la comunión eclesial, en la doctrina, en la disciplina y en el afecto. Quienes se desmarcan de la Iglesia oficial, como se dice, para ofrecer su visión particular de la fe y evitarse dificultades con las convicciones dominantes, evangelizando al margen de la fe de la Iglesia, ellos mismos desautorizan su propia acción evangelizadora.

Sed verdadero ejemplo para vuestros alumnos: "Los alumnos esperan de sus educadores no solo maestros en su saber y saber enseñar, sino también testigos de una vida de fe en la que puedan encontrar los signos mediante los cuáles Dios se hace presente". (La escuela católica. Oferta de la Iglesia de España... CEE 2007).

A estas exigencias propias de nuestra misión, actualmente, se juntan nuevos motivos de preocupación con la reciente reforma educativa que pueden afectar no solo a los derechos de la Iglesia, reconocidos en Tratados Internacionales, sino al derecho constitucional a que las familias eduquen a sus hijos conforme a sus propias convicciones, y al derecho de muchos profesores de religión que vienen desarrollando su tarea desde hace años en los centros educativos de Andalucía.

La preocupación ante esta situación ha sido expresada por los Obispos de Andalucía en las últimas Asambleas celebradas en Mayo y Octubre de este año; y el trabajo conducente a la superación, en la medida de lo posible, de esta situación seguirá siendo principal tarea de la Secretaría Técnica de Enseñanza en los próximos meses; como debe movilizar con urgencia e intensidad a todos los colectivos cuyos derechos se ven gravemente afectados.

Permítanme que termine con unas palabras del Papa Francisco en un encuentro de profesores y alumnos de los Colegios Jesuitas que se congregaron en Roma:

No quiero ser demasiado prolijo, pero una palabra específica quisiera dirigirla también a los educadores: (...) los maestros, los padres. ¡No se desanimen ante las dificultades que presenta el desafío educativo! Educar no es una profesión, sino una actitud, una forma de ser; para educar es necesario salir de sí mismos v estar entre los jóvenes, para acompañarlos en las etapas de crecimiento, estando a su lado. Denles a los jóvenes esperanza, optimismo para afrontar su camino en el mundo. Enséñenles a ver la belleza y la bondad de la creación y del hombre, que siempre conserva la huella del Creador. Pero sobre todo den testimonio con su vida de lo que les comunican.

Esta es nuestra profunda convicción: educar es evangelizar y evangelizar es educar, porque sólo Jesucristo es modelo y fundamento de una personalidad verdaderamente humana. Esta certeza nos dará la fortaleza suficiente para afrontar con generosidad y esperanza los nuevos retos de la hora presente.

Muchas gracias.

Sevilla, 22 de noviembre de 2014.

 

+ Santiago Gómez Sierra

Obispo auxiliar de Sevilla

Delegado de los Obispos del Sur de España

para los asuntos de Enseñanza

1. Comienzo mi intervención saludando al señor cardenal don Fernando Sebastián, al señor Alcalde, D. Juan Ignacio Zoido, y a la señora Delegada del Educación y Cultura del  Ayuntamiento, Dña. María del Mar Estrella,  a quienes agradezco su presencia entre nosotros en esta mañana. Saludo también a los organizadores, el señor Obispo auxiliar, Delegado de los Obispos del Sur para el sector pastoral de la Enseñanza, a los señores Obispos de Huelva y Asidonia-Jerez, al Secretario Técnico, a los Delegados Diocesanos, a los representantes de Escuelas Católicas, de la CECE y de los Sindicatos. Saludo con especial gratitud y afecto, en nombre de los Obispos que servimos a la Iglesia en Andalucía, a los casi ochocientos profesores de Religión que os habéis dado cita en Sevilla para participar en este Congreso. Sed todos bienvenidos a nuestra Archidiócesis. A todos os manifiesto el afecto y el aprecio de los Obispas que servimos a la Iglesia en Andalucía; el afecto y además la solidaridad y el apoyo explícito en estos tiempos recios, en los que se dibujan en el horizonte no pocos nubarrones para la enseñanza religiosa escolar. 

2. Bien conocemos los Obispos las dificultades a las que os enfrentáis en vuestra tarea, la primera la secularización de la sociedad, que ha avanzado en los últimos años con una velocidad de vértigo. Occidente vive el presente olvidando sus raíces y su herencia cristiana. Son muchos los que en los últimos años han ido perdiendo el sentido de la vida, en un contexto social y cultural en el que el proyecto de vida cristiano se ve continuamente desdeñado y amenazado como un atavismo incompatible con la modernidad. (EE, 8). Los profesores de religión realizáis vuestra tarea en un clima de relativismo y de subjetivismo doctrinal y moral, que impide la transmisión de los valores objetivos y universales y dificulta el aprecio de la verdad y la búsqueda de un proyecto de vida claro y definido. A ello se añade la falta de interés de tantas familias y su escaso testimonio de vida cristiana ante sus hijos. En ocasiones, las dificultades con que os encontráis vienen de la hostilidad de los equipos directivos y de algunos miembros de los claustros, que a lo más toleran por imperativo legal vuestra presencia, pero siempre considerándoos como profesores de un rango inferior.

3. Inciden negativamente en vuestra tarea la incertidumbre que han generado las políticas educativas de las últimas décadas, que han ido marginando progresivamente a la asignatura de Religión, marginación que la LOMCE no solo no ha resuelto, sino que la ha incrementado, a pesar de las reiteradas gestiones de la Conferencia Episcopal para que se respeten los Acuerdos Iglesia-Estado, que ciertamente no se han respetado. Los Acuerdos aseguran que la enseñanza religiosa escolar se imparta en condiciones análogas a las demás áreas, sin limitaciones, sin los recortes horarios que se anuncian o las trabas que experimentáis, que en ocasiones dan la impresión de querer asfixiarla, tratándola como una materia marginal, un peso añadido a la carga curricular o unas enseñanzas inútiles y hasta perniciosas. No se respeta así el derecho inalienable de los padres a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, derecho que los poderes públicos no pueden limitar ni suprimir sin incurrir en una arbitrariedad injustificable en un Estado democrático.

4. No faltan quienes opinan que la escuela no es el lugar propio de la formación religiosa, que pertenece más bien al ámbito familiar o a la catequesis que ha de impartirse en la parroquia. La familia y la parroquia tienen ciertamente un puesto insustituible en la educación cristiana de nuestros niños y jóvenes, como lo debe tener también la escuela si quiere educar integralmente a las nuevas generaciones. Estas tres instituciones están llamadas a colaborar entre sí al servicio de la educación integral de nuestros niños, como encarecemos los Obispos en el documento de mayo de 2013 titulado “Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe”.

5. A veces, incluso en ambientes eclesiales, se aduce como razón fundamental para apuntalar la enseñanza religiosa escolar que sin un conocimiento riguroso del cristianismo y del Evangelio es imposible comprender nuestra historia, nuestra cultura, las manifestaciones artísticas, la pintura, la escultura, la literatura o la música, nacidas al calor de la fe. Es una razón válida, pero no la única, ni la más importante. Hay otras razones: la formación religiosa escolar proporciona a los alumnos el conocimiento de la verdad revelada sobre Dios, responde a las preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida, nuestro origen y el destino eterno y trascendente del hombre, ofreciendo razones sólidas para vivir, luchar y sufrir. La formación religiosa ofrece al alumno principios morales de comportamiento para con Dios y para con el prójimo, tanto en el plano personal como social, en aspectos  tan decisivos como la convivencia, el respeto, la justicia, la honradez, el amor a la verdad, la entrega a los demás, el sacrificio, la fraternidad y el servicio. En consecuencia, la educación religiosa escolar encierra un evidente valor social, pues ayuda a formar buenos ciudadanos, aspecto éste que las autoridades políticas deberían valorar como se merece. En el momento actual, cuando nuestra sociedad mira con preocupación la pérdida de valores morales y sociales de una parte de nuestra juventud, entre la que con demasiada frecuencia surgen brotes de violencia, e incluso de delincuencia, es más urgente que nunca ofrecer a nuestros niños y jóvenes una sólida educación en los valores religiosos y morales, que ciertamente aporta la enseñanza religiosa en la escuela, dentro del horario escolar y con la metodología propia de la enseñanza académica.  

6. En las últimas semanas la opinión pública ha ido conociendo numerosas conductas inmorales y corruptas, que han sido el argumento de numerosísimas tertulias y artículos en los MCS. En muchas ocasiones se ha aludido a la pérdida de los valores en nuestra sociedad. No se ha aludido, sin embargo, a la razón última, la ausencia de Dios, la desaparición de Dios del horizonte de la vida diaria de tantos conciudadanos nuestros. En las sociedades occidentales se ha producido una especie de “eclipse de Dios”, una evidente amnesia de nuestras raíces cristianas, un abandono del tesoro de la fe recibido, que ha sido el alma de Occidente, y que ha producido una cultura exuberante, la cultura cristiana. Occidente vive en una especie de apostasía silenciosa, en una desertización espiritual como nos dijera el Papa Benedicto XVI. El hombre se cree autosuficiente y vive como si Dios no existiera. Él es el gran ausente en la vida personal, familiar y social.

7. Lo cierto es que para muchos conciudadanos nuestros se está haciendo normal el olvido de Dios y la relación personal con Él. Pero si Dios es la fuente de la vida y el fundamento de la moral, el ser humano, sin una referencia consciente a su Creador, pierde su dignidad e identidad. El olvido de Dios es el origen de todos los problemas de la sociedad, de la insolidaridad y la pobreza, de las crisis familiares, de la soledad y la angustia de tantos hermanos nuestros, del nihilismo de tantos jóvenes sin rumbo y sin esperanza. La fe en Dios y en su Hijo Jesucristo es lo único que nos permite construir nuestra vida sobre roca. Él es quien da estabilidad y consistencia a nuestra vida. «Todo cambia –nos dijo el papa Benedicto XVI- dependiendo de si Dios existe o no existe». Efectivamente, la fe ilumina la vida del creyente, la transforma, la  llena de plenitud, de hermosura y de esperanza, porque el hombre está hecho para Dios. Como nos dijera el mismo papa Benedicto,  “Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye»” (GS 36).

8. En el mes de septiembre de cada año, en una ceremonia análoga en todas las diócesis, los Obispos damos la missio canonica a los profesores de Religión. Lo hacemos en nombre de la Iglesia, que tiene como misión casi única, en expresión del cardenal de Lubac, hacer presente a Jesucristo. Efectivamente, “ella debe anunciarlo, mostrarlo, entregarlo y darlo a todos. Todo lo demás no es sino sobreañadidura”. Si esa es la misión de la Iglesia, esa y no otra es la misión del profesor de Religión: anunciar, mostrar y compartir con sus alumnos su mejor tesoro, Jesucristo, fuente y fundamento de virtudes y valores, como rezaba la campaña de la Conferencia Episcopal Española de este año invitando a los padres a optar por la clase de Religión  para sus hijos.

9. Jesucristo,  camino, verdad y vida de los hombres, única esperanza para el mundo, el único que puede dar respuesta a las ansias infinitas de felicidad que bullen en los corazones de nuestros adolescentes y jóvenes, debe ser el objeto casi único de vuestra enseñanza, pues como nos ha dicho el papa Francisco: “Jesús llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Él, pues son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento. Con Jesús siempre nace y renace la alegría” (EG1).Lo comprobamos si cogemos en nuestras manos los Evangelios. Todos aquellos que en su existencia histórica entran en contacto con Jesús, experimentan que sus vidas quedan transformadas, adquieren un nuevo sentido y esperanza, una desbordante alegría y una insospechada plenitud. Es el caso de los pastores, de los Magos, de Mateo, de Zaqueo, de la samaritana y de los apóstoles en las apariciones de Jesús a lo largo de la Pascua. Y es que, como nos dice el Papa, “con Jesús siempre nace y renace la alegría”.

10. No quiero concluir sin aludir brevemente al perfil del profesor de Religión, que en primer lugar tiene que tener corazón de apóstol y evangelizador. Pero para evangelizar es preciso estar evangelizado. Es necesario que el profesor de Religión esté convertido, que reconozca a Jesucristo como su único Señor y que aspire seriamente a la santidad. Debe sentirlo vivo y cercano, cultivar su amistad e intimidad, sentir la experiencia de Dios en la escucha de la palabra, en la oración y en la recepción frecuente de los sacramentos, especialmente de la penitencia y de la Eucaristía. Esta es la identidad más profunda del profesor de Religión.

11. La experiencia de Dios nunca disimulada, traducida en actitudes de esperanza y confianza en Jesucristo, Señor de la historia, necesita de la formación continuada. El profesor de Religión necesita también el complemento de la vida fraterna. El profesor cristiano no es una isla, un solitario, sino un solidario que sabe trabajar en equipo, un hermano, que vive en comunión con sus compañeros, con la parroquia, con los sacerdotes, con el Obispo y con todos los que buscan el reino de Dios. El profesor cristiano no puede ser indiferente a ninguna necesidad o dolor. Debe vivir con los ojos bien abiertos a las necesidades de sus semejantes, especialmente de los pobres y en concreto de los más necesitados de sus alumnos. Nunca separa la comunión con Cristo de la comunión con los hermanos, siempre animado por la fuerza de Jesucristo Muerto y Resucitado, que le comunica su Espíritu.

12. Los profesores de Religión, como reza el lema de vuestro Congreso, estáis llamados a ser luz. Sois profesores, sois maestros, pero habéis de ser también testigos. Debéis mostrar a Jesucristo a vuestros alumnos con el testimonio luminoso, atractivo y convincente de vuestra propia vida. No olvidéis que, como escribiera Pablo VI en Evangelii nuntiandi, "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son testigos" (n. 41). El mundo bulle de maestros, pero le faltan testigos, testigos que con sus criterios verdaderamente evangélicos, con su competencia profesional, con su rectitud moral y ejemplaridad en el cumplimiento del deber, sean verdaderamente maestros de vida. Eso, queridos profesores de Religión, es lo que la Iglesia espera de vosotros. Nada más y nada menos. Muchas gracias.

+ Juan José Asenjo Pelegrina 

Arzobispo de Sevilla

Melodía del Congreso

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